Paisaje Interior: poéticas para una lectura de Alberto Infante, por José Mª Muñoz Quirós

“Paisaje Interior”, la poesía reunida de Alberto Infante supone un ejercicio de reflexión y de lenguaje poéticos, una manera de mirar, de reescribir la vida y sus grandes enigmas, un ejercicio lúcido de poeticidad, de indagación y de expresión, de búsqueda y de belleza.

Y en estos parámetros tan diversos se mueve la escritura que, durante quince años, ha mantenido al poeta frente a la palabra, en la tarea constante de manifestarse desde un código y una capacidad asentados en el decir y en el sentir, pero, sobre todo, reflejado en la materia poética que es, al final, el resultado de ese proceso.

Ya en el título elegido nos está ofreciendo una pista para saber por dónde pueden encaminarse nuestras lecturas: paisaje interior, es decir, un término pictórico (paisaje) y una palabra que nos expresa el origen y los márgenes de esa plasticidad (interior) que mira hacia adentro, que se vincula con los procesos profundos del ser, que se mueve en las aguas del hondo sentir, y que va más allá del decir, manteniendo una intensidad capaz de provocar en el lector una reflexión sobre la intimidad y la intensidad de lo que mana en territorios profundos.

La obra poética de Alberto Infante se nos dibuja en cinco ejes, en cinco poéticas, en cinco estados de expresión y de acercamiento al fenómeno estético. No olvidemos que la poesía deriva siempre de un concepto muy personal, de una manera de percibir y de acercar la materia del lenguaje trasmutada en un nuevo existir. No hay verdadero poeta si no hay capacidad de crear un cosmos, un universo, una nueva realidad que se mueva y gire en torno al lenguaje reconvertido en poema.

Si nos acercamos a la primera poética de Alberto Infante, la que se manifiesta en su libro La sal de la vida del año 2004, el texto que organiza toda la estructura del poemario es el que nos informa de la creación de este ciclo: “¿Quién eres, poesía?”. Y este título, esta pregunta, necesita respuestas que son las mismas que van a sobrevolar todo el poemario: la concepción poética como modo de reflexión sobre los límites mismos del ser poeta, sus horizontes imposibles, sus desencantos, sus ”mentiras” estéticas. El poeta hace una afirmación que resulta sugerente y clarificadora: “Lo tuyo, sobre todo, es ponernos nerviosos”.

La alternativa del está clara: no dejar que la poesía se convierta en una mercancía, en un negocio, en una manipulación, y que con encantamiento nos ponga muy nerviosos, nos saque de nuestras casillas, nos devuelva al caos interior. Y lo consigue. Cuando escribe Diario de ruta en 2006, su punto de mira se enriquece, se intensifica, da un giro sobre sus propios presupuestos. Su segunda poética comienza con una rotunda afirmación:

“No se puede escribir

lo que se siente

porque

mientras se siente

no se puede escribir”.

Afirmación estrictamente romántica, la que separa sentimiento y expresión en una simultánea realidad imposible para tener un resultado poético. Ciertamente: no puede el poeta unir sentimiento y escritura, porque escribir le conduce a:

“Palabra a palabra, línea a línea,

navego el mar para llegar a ti”.

A continuación, el poeta traspasa las aguas, bucea, se ahoga y naufraga:

“De mis naufragios me nutro,

entre mis escombros moro…”

Ahora podemos hablar de una posición comprometida y profunda, de hondo significado. En este libro, uno de sus poemas alcanza una enorme belleza que roza lo dramático, la intensidad emocional:  

Madrugada en blanco

A las 4:56 de la mañana la belleza

lo destruye todo y no hay cómo

echarse atrás, encender la luz, poner un disco,

evitar que una vez más al amanecer

se lo coman no los gallos sino

los afilados tacones de las transeúntes

o las ruedas de los tranvías.

A las 4:56 de la mañana relámpago sin rosa,

no clamor

sino presencia ausente.

A las 4:56 de la mañana,

exactamente a las 4:56 de la mañana,

si hubiera vida,

lo amado

valdría más que lo escrito.

La tercera poética, Los poemas de Massachusetts, de 2010, incluye otra visión que se acerca a la consciencia de lo salvable dentro del lenguaje y las trampas de lo poético.

Preceptiva

Desconfía de los adjetivos,

de los artículos,

de los adverbios de modo.

Confía en los sustantivos,

los verbos,

las preposiciones.

Esquiva las referencias clásicas.

No confundas sentimiento con emoción.

No describas, no pienses.

Evita las asonancias, el erotismo suave,

el recurso a la noche. Olvida

las definiciones,

la felicidad y sus paisajes.

Elimina todos los “des” que puedas.

Huye de la nostalgia como de la peste.

No digas “lejanía cercana”.

Reniega de la Teoría.

Reniega de la Poesía.

Tembloroso, acércate a lo que queda.

La cuarta y quinta poéticas van a beber de fuentes muy diversas: lecturas de grandes poetas como Pessoa, Cavafis, Vladimir Hollan o Ángel González, por citar solo algunos ejemplos. Y pintores y artistas con los que dialoga y se llena de una luz de plasticidad y de vida.

Estamos ante el Alberto Infante más abierto, más culturalista, más aferrado a la poesía y al arte con mayúsculas. Su última entrega, el libro Principio y final desencadena una estética que podríamos denominar de la narratividad; el poema-crónica, a caballo de la prosa poética, del largo impulso y del pálpito extenso.

En este punto se encuentra el poeta. Hallamos una voz necesaria, un lenguaje de aproximación, una sintaxis de referencias clásicas, una semántica plena y rotunda, y un ahondamiento en la cultura, en la expresión de otros, en la línea de los maestros. Y, junto a ellos, lo cotidiano, el día a día, la emoción segura de lo pequeño.

He aquí todo un paisaje interior al que tenemos que asomarnos para atrapar, desde la lejanía y la distancia, nuestra más cercana contemplación de las cosas.

Alberto Infante nos ayuda con su poesía a construir nuestro propio paisaje y a habitarlo de música, de luz, de belleza y de senderos interiores que nos conducen a nuestro centro, al ser que se llena de palabras que crecen, a la interior bodega (como propone san Juan de la Cruz) donde maduran los frutos más necesarios y más intensos.

Madrid, Parque de El Retiro, 27 de septiembre de 2019

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