Madrid 13/03/2004

Llegué a España hace tres años. En Bogotá dejé a mi hijo pequeño que me lo traje en cuanto pude. Allá enfermó mi marido y yo dejé mi puesto de enfermera en el hospital para cuidarlo. En ocho años gastamos cuanto teníamos pero nada se pudo hacer. Poco antes de morir él, la guerrilla nos ocupó la finca de Urabá y perdimos las rentitas que nos sostenían. Una mañana a mi hijo mayor lo robaron la moto. Sabía quién. Intentó recuperarla y lo amenazaron de muerte. Ni modo: hubo que sacarlo. Ahora vive en los Estados. Aquello me decidió. Un colega de mi marido me había invitado a venir y ya no lo dudé. Llevo tres años haciendo sustituciones. Aún no encontré nada fijo, solo buenas palabras, pero no pierdo la esperanza.

Siempre pensé que éste era un país pacífico. «Es que allá no hay tanta violencia» – les decía a mis paisanos.

Y de pronto, esto… Perdonen pero es que… Lo siento… Ya sé que no debería… pero esas imágenes… horribles… me recuerdan tantas cosas. Mi hijo tiene solo dieciséis. Llegó hace tres meses. Ayer me preguntó: – ¿Para esto hemos venido, mamá? ¿Para esto hemos venido?

Alberto Infante (Pequeños cuentos mestizos, 2005-2007)

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