Hermanos

– Me da fuerza, tío. Me da coraje, tío.
– No sé. Yo solo veo lo que veo. Que te humillan. Que si la jerarquía. Que si el «amor de hombre». Al final, te pasas el día dándoles el dinero.
– Sí, pero pronto seré como ellos. Y entonces, yo pondré las reglas.
– ¿Y por qué quieres ser como ellos? Yo prefiero estudiar, tener un empleo, hacer mi vida.
– No jodas, tío. No hay nada ahí fuera. No para nosotros. Trabajos de mierda, vidas de mierda. Eso es lo que hay.
– Puede, tío. Pero es vida. En ese rollo tuyo, un día te trinca la bofia o te dejan inválido, o te pegan un tiro. Y ahí se acabó todo.
– O no. Mírale al Ñato Carrera. Tiene plata. Tiene chicas. Hasta un deportivo tiene. Pasó por el correccional y salió. Pasó por la cárcel y salió. Y míralo ahora. Ese es alguien, eso es vida, tío.
– El Ñato es un rey, tío. Un cabrón. Un puto capo. El juega las grandes ligas. Para vivir como viven, cada uno de ésos necesita cuarenta o cincuenta pringaos como tú.
– Pero si llegas, a los veinte estás listo, tío. Cinco años tío, sólo cinco años. Madrid está lleno de oportunidades. Y si lo ves muy chungo, pues te abres. Te conviertes. Te haces Mormón. O Testigo. O del Opus. Te arrepientes y te quedas limpio. La religión está pa´ eso ¿no?
– Si te dejan. Abrirse no es fácil, tío. ¿O es que no piensas, o no vas al cine?
– Si, si. Siempre si. Lo que pasa es que eres un cagao, tío. Un mierda, tío.
– Claro, yo un cagao y tu un cabro, tío. Estás rayao, tío.
– Pues desde ya, no te cruces en mi camino. Desde ya, cada uno a lo suyo ¿entiendes?
– Descuida. No pienso.
– Hasta nunca, tío.
– Hasta entonces, tío… Ah, ¿quieres algo para la vieja? Esta mañana me preguntó por ti. «Cuídale a tu hermano» me dijo «No sé cual es su vaina pero no me gusta»
– Dile que ni me viste. Que no sabes.
– Adiós, hermano.
– Adiós, hermano… Joder, qué duro… Mierda, tío… Adiós.

Alberto Infante (Pequeños cuentos mestizos, 2005-2007)

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *